jueves, agosto 13, 2009

Sobre Héroes y sobre todo sobre TUMBAS

Got a gun, fact I got two, that’s ok men cuz I love god, Glorified version of a pellet gun feels so manly, when armed
Pearl Jam


Hace unas semanas iba a un almuerzo familiar donde una tía en Cajicá, un pueblo cercano a Bogotá. En el peaje, mi papá recibió unos papelitos de la mano de un soldado del Ejército Colombiano. Eran dos tiritas de papel que decían “Los héroes en Colombia sí existen”. Cuando mi papá me las dio las miré con detenimiento y me di cuenta que era una campaña del ejército para recordar el aniversario de la Operación Jaque. Después de esto salió toda una parafernalia del ejército que contaba con propagandas, avisos en la prensa, vallas publicitarias y demás.

En primer lugar pensé que era una campaña para contrarrestar el duro impacto que los falsos positivos tuvieron en la opinión pública. Básicamente que el ejército no había hecho nada en un año contra las FARC y que tenía que recordarle a la población que habían hecho algo más que matar muchachos inocentes de Soacha a sangre fría, cobarde e impunemente. Era muy triste ver como estos avisos ocupaban las primeras páginas de los periódicos mientras los juicios sobre los falsos positivos aparecían en la página 17 de El Tiempo (mayor diario del país y cuyos dueños son familia del vicepresidente), como notas sin importancia, como información general, aquella que no le importa a nadie y que sólo leen los abuelitos que leen el periódico de pe a pa. El contraste era evidente. La hipocresía de este país permite el asesinato de jóvenes inocentes y la no reparación sobre sus familias al negar, descaradamente, el concepto de crímenes de Estado. Si esto no puede ser considerado así, cómo lo podemos entender. Acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano los culpables de estas muertes? O acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano quienes montaron una mafia para traficar con la muerte de muchachos cuyo único pecado era la pobreza y su búsqueda de un trabajo digno con tal de sobrevivir?

De esta forma pensaba ¿qué clase de héroes tenemos en Colombia? O mejor ¿si existen los héroes en Colombia? La crítica más fuerte que se puede hacer a mi argumento es que no puedo culpar a toda una institución por la actuación de unos pocos de sus integrantes. Pero analizando la actuación de la fuerza pública colombiana en la última década no me queda más que decir que no son casos aislados. Los hechos son recurrentes y, lo peor, olvidados por la opinión pública colombiana. Pero ejemplos hay y de sobra. ¿Cómo olvidar la labor del ejército en la masacre de San José de Apartadó donde hubo una colaboración activa con grupos paramilitares en el asesinato y descuartizamiento de niños en el 2005?

Al día siguiente, el lunes 21 de febrero, Guerra decidió salir por fin hacia su cultivo, con su compañera, Bellanira, de 17 años, su hijo Deiner ,de 11, quienes iban a lomo de mula, y su hermano medio Darío. Después de un corto recorrido, a eso de las 8 de la mañana, un grupo de militares salió entre la maleza y los detuvo. Desde un principio Darío temió lo peor. Se dio cuenta de que la actitud de los uniformados era taimada y extraña. Tuvo el presentimiento -al parecer correcto- de que con los militares había paramilitares. Entonces cuando vio que toda la atención de los soldados se centró en Luis Eduardo, se fue escabullendo detrás de la mula y, como pudo, salió corriendo entre la maraña. Poco después escuchó gritos de dolor y de espanto. Y ningún disparo. Los habían matado a garrote y con machete. Y degollados. Y aunque Gordillo dice que no sabe nada sobre estas primeras muertes, los investigadores tienen la hipótesis de que fueron sus tropas combinadas de militares y paramilitares, quienes estaban en ese lugar

Jorge Luis Salgado, alias 'Kiko', paramilitar del Bloque Héroes de Tolová, ahora en prisión, la contó a la Procuraduría lo que ocurrió esa tarde: "…vi que había una mujer muerta en el piso… de repente reportaron a los comandantes de unos niños que estaban adentro de la casa… creo que estaban debajo de la cama… fueron sacados de allí al patio… se le preguntó al comandante que qué se hacía con estos niños y llegaron a la conclusión de que serían una amenaza en el futuro diciendo textualmente que ellos crecían y se volverían guerrilleros… por ese motivo se ordenó ejecutarlos en silencio… fue cuando en esos instantes apareció el papá de ellos, con una rula en la mano… los peladitos gritaron ¡papá!... él les decía que no iba a pasar nada y les suplicó a los comandantes que por favor no fueran a matar a los niños… entonces él se arrodilla con las manos en la nuca… los niños corrieron hacia él… y es cuando el papá, ya consciente de lo que iba a suceder, le dice al niño que ellos iban a hacer un viaje largo y que posiblemente no iban a regresar… entonces la niña le busca al niño una ropita en un taleguito, y se lo entrega diciendo adiós con la mano…".
(Tomado de Semana aquí pueden ver el artículo completo)

Y no son las únicas. La participación y negligencia del ejército en la masacre de Trujillo, el Aro, la actuación del coronel Rito Alejo del Río en Urabá (no hay que olvidar que éste fue condecorado por Álvaro Uribe por sus asesinatos), las torturas de los mismos uniformados en sus entrenamientos, la alianza con paramilitares en el Bajo Cauca, la violación de una niña desplazada por policías bachilleres, el asesinato de 11 miembros de la DIJIN por parte de militares al servicio de bandas del narcotráfico, entre otras, nos muestran un historial de las alianzas de las fuerzas armadas colombianas con grupos ilegales y, en algunos casos, su total sumisión a ellos. Los héroes colombianos sirvieron y en algunos casos todavía sirven a estructuras mafiosas que dominan amplias zonas del país imponiendo la ley del más fuerte y del que tenga más armas, la seguridad democrática (Urabá y algunas zonas del Putumayo y el Magdalena Medio son los mejores ejemplos).

Sin embargo quiero hacer una aclaración. Creo que sí hay soldados honestos y que muchos entregan su vida por proteger a los colombianos y colombianas. Y también creo que se debe enfrentar a las FARC, como un grupo terrorista que secuestra y asesina colombianos y colombianas. Pero ellos no son los únicos (bandas emergentes y narcotraficantes también son grupos armados que hacen lo mismo, pero que no reciben el mismo tratamiento por parte del gobierno) y, muchas veces, nuestros propios “héroes” se han rebajado a la calaña de estos, confundiéndose con ellos, convirtiéndose en uno más de ellos. En contextos como estos es cuando una de las frases con las cuales comienza la película “Los Infiltrados” de Martin Scorsese, en boca de Frank Costello (Jack Nicholson), cobra un gran sentido: “But what I’m saying to you is this: when you’re facing a loaded gun, what’s the difference?”.

En días pasados se celebraron 199 años de la Independencia de Colombia. Lo que más me llamó la atención de la celebración fue el excesivo énfasis militar que se le dio a la cuestión. Además de la cabalgata simulando la travesía del ejército de Bolívar (que fue en 1819 y no en 1810), se dieron un sinnúmero de desfiles militares. En el puente de Boyacá (lugar donde se dio la batalla que consolidó la independencia colombiana en 1819) se colgó una pancarta con la cara de un soldado y la leyenda de los héroes en Colombia sí existen. Esta imagen de la segunda independencia de Colombia lo que está enfatizando es la construcción de un discurso sobre la violencia como un hecho constitutivo de nuestra identidad y, sobre todo, del silencio sobre los hechos atroces de la institución militar. Los héroes en Colombia sólo tienen derecho a tomarse una cerveza después del trabajo y deben tener un fusil en la mano. Esta construcción de memoria es sumamente injusta y, sobre todo, excluyente. Uno de los ejemplos lo encontramos en el monumento que se hizo en la 26 en Bogotá a los soldados caídos en combate. Estas víctimas del conflicto son consideradas las únicas víctimas por el Estado colombiano. Yo me pregunto, ¿dónde está el monumento a los niños descuartizados? ¿Dónde está el monumento a los jóvenes de Soacha? ¿Dónde ubicamos la pila de huesos?

Hoy hace 10 años mataron a Jaime Garzón. Hoy ha sido un día de nostalgia y de dolor. Hoy hace 10 años sí mataron a un héroe. Hace 10 años acabaron con la risa de este país y nos dejaron un vacío que poco a poco esta siendo silenciado. No debemos dejar que esto pase. Recordar a Jaime Garzón puede ser un camino. Es hora de dejar de glorificar pistolas. Es hora de dejar de glorificar la muerte. Ahora sí, súbanle el volumen a su computador, escuchen esta canción y ríanse con Jaime. Esto es en su honor.

Aquí está la letra de la canción.




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jueves, julio 30, 2009

P…. La volviste a hacer Bolaño



Acabo de terminar de leer 2666, la última novela de Roberto Bolaño. Esta obra, escrita ad portas de su muerte, es una obra inconclusa qué siempre dejará la pregunta de qué pudo haber escrito este hombre si hubiera vivido unos años más. Pero no estoy aquí para disquisiciones metafísicas ni mucho menos. Sino para decir P… la volviste a hacer Bolaño. Tras la recomendación de un amigo chileno me decidí a leer 2666 a pesar de que siempre le había tenido renuencia por su, para ser sincero, tamaño. Este libro es demasiado grande, y la verdad nunca había leído un libro tan gordo (El Quijote todavía lo estoy leyendo, ya llevo un año o más en esas, y nunca me había acercado a novelas tan grandes).

Como era de esperarse tenía muchas expectativas sobre este texto. Y la verdad fue que no pude parar al leerla. La leía en todas partes. Buses, mientras propagandas de algún programa, cuando me levantaba, antes de acostarme y en cada tiempo libre que tenía, y hasta el que no tenía libre y me impidió hacer algunas de mis tareas cotidianas profesionales. Así lo terminé y siento que hay tanto para sacarle jugo que tengo que escribir algo acerca de ella. Este libro en realidad son cinco. Las cinco partes que componen la novela y que es posible leerlas, si uno quiere por separado, pero que recomiendo leer seguidas para sentir el golpe en el estómago que Bolaño suele dar. Podríamos decir que las unen las presencias espectrales de tres cosas: el desierto de Sonora-Santa Teresa, los asesinatos de mujeres en esta ciudad y Archimboldi. Por qué hablo de espectros. Esta cita del libro puede mostrar esto claramente: “La frontera entre Sonora y Arizona es un grupo de islas fantasmales o encantadas. Las ciudades y los pueblos son barcos. El desierto es un mar interminable. Éste es un buen sitio para los peces, sobre todo para los peces que viven en las fosas más profundas, no para los hombres. (698)” Porque a pesar del intento de totalidad que hace Bolaño, estas tres cosas se sienten presentes en todo momento y son el eje articulador del relato, lo cual no significa un lugar de preeminencia o de importancia sino, más bien, la futilidad y al mismo tiempo carencia de importancia que tienen estos tres hechos como un símbolo del olvido y la derrota latinoamericana.



Algo impactante del libro es cómo construye espacios fronterizos como centro del relato. Con esto los personajes se convierten en sujetos móviles que deambulan en un espacio fronterizo que se traslada no sólo al desierto de Sonora, sino al desierto de sus propias vidas (el triángulo amoroso de los críticos, la narración sobre la esposa de Almafitano, la muerte de la madre de Fate y el deambular de Archimboldi por todo el mundo). Esta metáfora del desierto (la cual también se ve al final de Los detectives salvajes y qué nos deja con esa pregunta final que desvanece y nos cuestiona, por lo menos a mí un sentimiento de derrota) se ve enmarcada claramente por el síntoma de la frontera con Estados Unidos y, sobre todo, con el asesinato de las mujeres en una clara alusión a Ciudad Juárez. Esta frontera es particularmente representada por el desarrollo de las maquilas en esta zona de México (la subexplotación capitalista) y del narcotráfico (la muestra más violenta del sistema económico mafioso que impera en la región). Pero, sobre todo, es representada por la constante presencia de la muerte que convierte a las mujeres en seres anónimos, mostrando el irrespeto y la desidia por la vida que tenemos y el olvido ante la sucesión monstruosa de muertes que acostumbran a las personas a un espiral de violencia que parece no tener ninguna explicación, eliminando la representación del hecho y dejándonos inmunes pero a la vez absortos ante la literalidad del mismo.

Aquí me parece importante responder a una crítica que se le hizo en un blog a este texto de Bolaño. La autora decía que no había terminado de leer la novela por que se le hizo insoportable la lectura casi morbosa de la gran cantidad de muertes de mujeres que narra Bolaño. A esto lo llamó lo real horroroso, la cual me parece una definición bastante acertada de lo que puede ser Bolaño, pero lo cual tiene una explicación. Este espiral de muertes y violaciones, algunas narradas con el más íntimo detalle, no es gratuito ni mucho menos. Creo que a partir de ellos podemos hablar de tres momentos fundamentales del libro. En primer lugar el machismo latinoamericano y el asesinato cotidiano de mujeres. Es una parte del libro hay un grupo de policías que están reunidos y uno de ellos se dedica a contar chistes machistas de todos los tipos. Estos mismos policías, aquellos encargados de las investigaciones, muestran no sólo el desinterés de ellos por las muertes sino que se convierten en los representantes de los hombres latinoamericanos cuando dicen que las mujeres están hechas para ser violadas, de nuestro machismo rampante y del cual muchos se sienten orgullosos. Este hecho es refrendado por la genealogía de Lalo Cura, uno de los policías, proveniente de una familia de mujeres constantemente violadas a lo largo de su historia, mostrándonos como la locura latinoamericana (o mejor la historia latinoamericana) es el resultado de una violación continua en todos los sentidos. Esto da lugar a sujetos fragmentados desde el mismo momento de su concepción, personas y lugares (Latinoamérica) violentamente concebidos, fragmentados, derrotados.

Esto nos lleva al segundo momento que quería plantearles a partir de esta lectura. Cuando se están narrando las muertes de las mujeres hay un momento en que un policía dice que por esto se siente como un ser derrotado y que esta repetición es una derrota constante. Aquí se desprende el desarrollo de la idea de la derrota latinoamericana por Bolaño. La muerte constante y, sobre todo, la impunidad latente se convierten en un sentimiento de impotencia e imposibilidad, en el estancamiento sobre nuestros errores y más crudas perversiones. Esta atrocidad de los hechos no se trasluce en una notoriedad para las víctimas. Las mujeres que mueren son numerosas y los nombres se desvanecen. Son mencionadas pero inevitablemente condenadas al olvido. Es por éste que se llega a la literalidad de la narración y al problema de la repetición. Cómo somos incapaces de asimilar y representar el hecho, este vuelve en forma de una repetición continua que genera una sensación de angustia que abarca todo el libro, un duelo que se respira en todo el texto, el asesinato continuo por parte de nosotros mismos, el asesinato de nuestras mujeres y la violación como un hecho continuo que nos persigue, la derrota continua producto de nuestras propias violencias.

Pero para mí, lo más impresionante, es como todo esto a pesar de ser el centro del libro y de ser la parte más voluminosa del mismo, se convierte en un algo fantasmal en el resto del texto. Aunque los continuos asesinatos siempre se mencionan y permean todo el texto, se van convirtiendo en un asunto de poca importancia para el resto de los protagonistas, y las historias personales alcanzan una mayor importancia (Archimboldi, Fate, Almafitano, los críticos, curiosamente ningún latinoamericano), en una contraposición al olvido que hemos condenamos a nuestras muertas y a nuestros muertos. La incapacidad de lidiar con la derrota y por lo tanto de salir de ella. Un esfuerzo por retratar a Latinoamérica, de los cuales quedan muy pocos. Y acá me quedo corto demasiado corto. Por eso P… Bolaño la hiciste otra vez. Altamente recomendado. Aveces es necesario que nos golpeen un poco y que todo se reduzca a la metáfora sobre un helado.

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lunes, marzo 23, 2009

Discurso de grado

El martes pasado me gradué de historiador en la Nacho. Por fin después de 10 semestres saqué el cartón. 5 días antes de la ceremonia me avisaron que tenía que hacer el discurso, por lo que entré en pánico. El fin de semana no hice sino pensar en eso y me tenía supremamente nervioso hasta el mismo momento en que me paré frente a todo el mundo. Pero la cosa salió como bien. Entonces aquí les dejo mi discurso. Es un poco largo pero espero que les guste...



Es un honor está aquí con ustedes, en especial, frente a mis compañeros y compañeras graduandos. He pensado mucho cómo empezar este discurso para poder representar a la mayoría de ustedes. Sin embargo, sé que es algo difícil, y que mi sesgo será inevitable, personal, ineludible.

Muchas veces me reuní con dos amigos (Iván y Javier) y una amiga (Sandra) a tomar cerveza en La Parva. Dentro de nuestras innumerables conversaciones, simulando que teníamos un programa como cuando Homero presenta un talk show junto a Lenny, Carl y Moe, casi siempre tratábamos un tema que sentíamos tan presente, tan cercano. Además de fútbol, TV, chismes y cuanta bobada se nos ocurriera, siempre nos asaltaba el tema de la intolerancia a las diversas opiniones políticas, el influjo de organizaciones tradicionales en la sociedad, el autoritarismo que se está apoderando tanto de nosotros como del vecino, de la influencia palpable de grupos violentos en ámbitos de la política, en el ámbito de las universidades públicas y otros.

Hace unos días mataron a un compañero de la Universidad de Antioquia en pleno campus. Aunque todavía no sé sabe bien cuáles fueron los motivos, corre una voz muy fuerte: grupos paramilitares, los mismos que trataron de imponernos un toque de queda a final del año pasado, los mismos que amenazaron un grupo de compañeros y profesores de la Universidad. Si esos grupos que tratan de silenciar a los miembros de la comunidad universitaria, causantes de la muerte despiadada de tantos compatriotas, aquellos hombres que ahora están fuera del país, enterrando ahora la justicia, la verdad y la reparación a sus víctimas, nuevamente dolientes, ahora del silencio, del olvido y nuevamente de la muerte, al momento de reclamar sus tierras. Muertes que han tenido una respuesta nula por parte del Estado. Esos grupos que algunos dicen que ya desaparecieron, que son parte del pasado, que ya se desmovilizaron totalmente. ¿Les suena conocido?

En El Tiempo del sábado pasado apareció una noticia sobre este suceso. En uno de sus apartados citan uno de los panfletos que circulan en el interior de la universidad. Uno de ellos dice lo siguiente: “Guerrilleros de mierda, ya no queremos que sigan engañando a la gente con su discurso marxista ni mucho menos con sus acciones de protesta que son un daño para Colombia. No los queremos ver más reuniditos en las oficinas de ingeniería, o de economía, ni en las cafeterías, ni en los pasillos ni en ninguna parte”. (Quiero resaltar el uso del diminutivo, por qué también pregunto ¿no se les hace conocido?) Bueno, mirando más allá de este detalle, esta amenaza implica una retórica del terror, de infundir miedo, de estigmatización profunda de cualquier espacio de reunión y protesta en las aulas de las universidades públicas. En una estigmatización de todos nosotros.

Esta retórica del miedo nos corroe a todos lentamente. Polariza, genera odios, nos inserta en una telaraña de mentiras, engaños, chuzadas y falsos positivos, quemas de carros de reciclaje a humildes trabajadores, asesinatos de sindicalistas y de estudiantes. De nosotros. Es el mundo de la desconfianza, de la intolerancia. Poco a poco las personas se van poniendo su venda, tapando su vista de todos los escándalos que nos rodean, legitimando ciertas formas de violencia y de barbarie. ¿Acaso no se deberían desvirtuar todas?

Pero esto es algo que no solamente nos pasa a nosotros. Últimamente he podido apreciar que en el mundo, sin querer herir la susceptibilidad de nadie, se está fortaleciendo una ola de conservadurismo fuerte. Es la niña de 9 años que en Brasil fue excomulgada por un obispo debido a un aborto que se practicó ante la violación de su padrastro, el cual según el obispo “no cometió un crimen tan grave como el de la madre” ¿Hay derecho? ¿Hay derecho a hacer sufrir a una niña por un delito tan atroz? O la mujer que estuvo en coma durante 17 años y la cual no podía morir dignamente, sin ver que nuestra vida nos pertenece a nosotros y no a unas leyes absurdas que avivan el sufrimiento y el dolor. O la violencia xenófoba que está emergiendo en Europa frente a los latinoamericanos y los africanos, las quemas de barrios gitanos, las patadas en los metros, los ataques salvajes a personas que están buscando cómo vivir en otra tierra debido a la falta de oportunidades en la propia. Es el miedo al otro, a romper los dogmas de ciertas instituciones, la inmersión en la retórica del terror, de echarle la culpa de todos nuestros males a los demás. No es sino que miren en Facebook para que vean la cantidad de grupos expresando odios, pidiendo asesinatos, llenos de ira y furia, enceguecidos por la sed de venganza.

Esta unión entre el conservadurismo y el miedo es necesaria para poder cumplir su cometido. Es necesario infectar a la gente de miles de temores para resguardarse en los dogmas tradicionales, en la no necesidad de generar un cambio, en el autoritarismo de una supuesta mano redentora que nos salvará de todos los malos y de todos los males. De la hecatombe. En nuestro país, esta retórica cumplió su labor de legitimar una agresiva contrarreforma agraria, la matanza de numerosas personas inocentes, la desaparición de pueblos enteros, cuando pusimos nuestra salvación en las manos de numerosos grupos armados de ambos bandos, asesinos mentirosos y cobardes que nos utilizaron a todos como carne de cañón, augurando nuestra redención en la incapacidad de solucionar nuestros problemas por otras vías y por otras alternativas. Toda la violencia que legitimamos se nos salió de las manos.

Ustedes me preguntaran qué tiene qué ver todo esto con nosotros, los que nos graduamos hoy en día: mucho. Definitivamente. Ante la intolerancia que vivimos, ante el miedo que nos infunden cotidianamente no tenemos otra alternativa que actuar. El fin de la estigmatización, de la exclusión y del miedo debe venir de nosotros. Lo que les quiero decir a todos los presentes, es que debemos abogar por la construcción de una sociedad más liberal y democrática. Y con esto no quiero referirme al Partido Liberal ni mucho menos. Nada de Gaviria, ni de Pardo, ni de Piedad. No les estoy hablando de ellos. Les estoy hablando de una sociedad más inclusiva, más atenta de las libertades individuales, más dispuesta a la crítica política, más segura de condenar cualquier tipo de violencia, más proclive a construir un proceso de memoria que nos incluya a todos y no solamente a los soldados muertos, sino a todos los campesinos y campesinas, humoristas, magistrados, políticos, empleados de cafeterías, indígenas asesinados tanto por el Gobierno como por otros grupos armados y tantos compatriotas que han muerto a lo largo de estos años.

¿Y por qué abogo por este paradigma? Porque Colombia ha sido una sociedad que, históricamente, se ha caracterizado por su conservadurismo en todos los aspectos. Porque la intensa lucha que han tenido que librar los homosexuales para lograr sus derechos (aún inconclusos), la homofobia que tienen que sufrir en las escuelas o la lucha del género femenino por lograr la paridad en las cuotas burocráticas (hecho nunca logrado) o el uso de medios anticonceptivos a los cuales la Iglesia se opone se ancla en una estructura inmóvil y petrificada. Aquella que defiende la intensa lucha del gobierno por penalizar la dosis personal en contra de todas las recomendaciones internacionales, en un regreso del paternalismo sobre las costumbres y la vida privada que el Estado no debe tener, una invasión a la libertad personal, avivando las llamas de nuestro conflicto, castigando a quien cargue una pequeña cantidad de droga en su bolsillo, mientras los grandes capos viajan a otros países a cambiar sus años de prisión por dar unas cuantas rutas, o se quedan acá influyendo en la política local con las visitas de sus abogados a ciertas instancias del poder. Sólo son ejemplos. Y sólo son ejemplos que pueden ser cuestionados a partir del debate que seamos capaces de generar sobre ellos, del control que ejerzamos a partir de nuestras ramas, de nuestros conocimientos, de aquello que aprendimos en estos años.

De aquí veo que nace parte de nuestra tarea. El derecho a la vida, la tolerancia y la libertad de la que tanto se nos habla no se construyen de la noche a la mañana. No sólo son necesarios los artículos académicos, sino a partir de ellos elaborar el ataúd del miedo hacia lo que nos han inculcado que no es “normal”. Y sobre todo a aquello que nos han metido que está “bien”: la muerte, el desplazamiento, el silencio. Algo que aprendí en esta universidad fue a ver a personas de todo tipo y de todas las opiniones, con diferentes inclinaciones sexuales, religiosas y políticas y ser respetadas por ellas. Aunque aveces también mostrábamos nuestra intolerancia, en especial en los numerosos paros que tuvimos que afrontar, donde unos pocos tomaron nuestra vocería para imponer sus opiniones sobre nosotros. Ahí fallamos. Las opiniones deben ser construidas a partir del consenso y de la argumentación. No de aquellos que gritan más fuerte y se oponen a cualquier tipo de cambio, convirtiéndose en parte de la conservatización de nuestro campus.

Así, parte de nosotros y nosotras debe romper ese vínculo que se estableció entre miedo y conservadurismo. Hace poco quedé preocupado por una afirmación que tildaba a un grupo de colombianas y colombianos que no están de acuerdo con que el fin de la guerra sea hasta que muera el último guerrillero y que defienden un acuerdo humanitario para liberar a los secuestrados. Fueron calificados como “intelectuales de las FARC”. ¿Acaso no compartir las opiniones del gobierno nos vuelven miembros de este grupo de asesinos? Y no sólo eso, en esta frase se esconde un profundo desprecio hacia la labor de pensar. Es un desprecio a todos nosotros nuevamente, en un lazo que no permite que intervengan la reflexión y el análisis con un mínimo de disenso de la voz oficial. Aunque no estoy de acuerdo con el epíteto de intelectual, (más que nada, por el aire de arrogancia que éste ha tomado por parte de quienes se sienten identificados por este término), siento que nuevamente aquellos que pensamos desde otra perspectiva somos constantemente estigmatizados, encerrados en pequeños espacios donde podemos hablar, pero constantemente monitoreados por algunos grupos que amenazan, desaparecen y matan a nuestros compañeros.

A veces me pregunto qué papel tienen las ciencias humanas dentro de todo esto. Y veo tres posibles caminos a seguir para romper ese lazo con el cual nos están atando. La defensa de las libertades personales a ultranza, la tolerancia hacia las distintas opciones políticas no violentas y la construcción de una memoria incluyente que por fin ayude en algo a consolidarnos como nación. Todo suena muy político. Pero no podemos olvidar que nos movemos dentro del marco de lo político y que lo personal también lo es, mucho más nuestro trabajo como investigadores, profesores, trabajadores de entidades públicas, ONG’s, etc. Y todo esto a través de un cambio profundo en nuestras formas de pensar y sobre todo de exponerlo a la gente, eliminando la retórica trasnochada y anacrónica, generando un nuevo espectro de posibilidades a nuestro discurso y a nuestras actuaciones que sea un fuerte contrapeso a la retórica conservadora que les he estado planteando.

Gran parte de este cometido nace de nuestra propia experiencia de estudio de la sociedad y de las luchas que he visto se han vivido dentro de la universidad. Es un camino que comenzamos y del cual queda bastante por recorrer. Pero del cual tenemos enormes ejemplos. El semestre pasado murió el maestro Orlando Fals Borda. Era el representante perfecto de este compromiso con el cambio propuesto desde la Universidad y del trabajo directo con campesinos y actores sociales. Una vida dedicada a fortalecer los lazos en pos de una sociedad más democrática y más incluyente. Alguien que luchó contra la violencia en todas sus formas y que hasta el final de su vida siguió expresando sus opiniones dentro de un análisis lúcido, brillante, concreto.

Hace poco haciendo un trabajo me encontré un hermoso fragmento de un poema de Paul Celan: Un extraño extravío /tomó cuerpo allí mismo/ tú/estuviste/a punto/de vivir. Es una metáfora de algo por cumplir, de aquello que no se ha realizado, de lo que tal vez nunca se le dará la posibilidad de existir. Una pérdida, un cuerpo que se convierte en invivible a partir de la extrañeza, de la imposibilidad de encontrar un camino. Pero también es un límite, un límite que se puede superar, un estuviste que está a la espera en la forma de un cuerpo que busca ser habitado. Tal vez nosotros podamos habitarlo de alguna forma. Tal vez nosotros seamos capaces de darle la posibilidad de vivir. De darle la oportunidad de romper el miedo de la extrañeza. De habitar lo que les estoy planteando.

Hoy veremos el diploma que nos habrán de dar. Y sobre todo quiero sentir el orgullo de ver el nombre grande de la Universidad en la parte superior y que abajo esté mi nombre, nuestros nombres. Y es aquí cuando la consigna que tantas veces he escuchado en marchas, asambleas y demás cobra mayor sentido. Cuando por fin lo puedo articular en un marco más grande, en un discurso más elaborado. Ese “Somos UN somos un grito de libertad” alcanza su mayor significado. No sólo para nosotros. Para los que están fuera de este auditorio también. Felicitaciones a todos ustedes compañeros y compañeras y a todos quienes nos están acompañando. Es su logro también. Gracias.

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jueves, octubre 23, 2008

A.D.I.D.A.S (All day I dream about soccer)

Bueno en vísperas de que hace rato no publico decidí que este blog será más variado, es decir no sólo para publicar mis escritos narrativos, sino otro tipo de disquisiciones sobre diversos temas. Tengo varias cositas pero no he terminado de escribirlas así que voy a empezar a subir reflexiones sobre libros que leo, sobre cosas que veo por ahí, o simplemente sobre cualquier cosa. Pero intentaré no dejar la "ficción" a un lado. Vamos a ver cómo nos va en esta nueva etapa... espero que les guste y como siempre espero sus comentarios



“Aparte del fútbol, no hay nada que de veras importe.”Nick Hornby


Estas palabras salen del hincha más fiel del Arsenal que he conocido, y tal vez de cualquier equipo del mundo a excepción del Deportivo Independiente Medellín (sí hubo una persona que se cambió el nombre y se puso el de su amado club) y el negro Fontanarrosa, ferviente hincha de Rosario Central, canalla de corazón, alma inmortal. Conozco casos de inmensa idolatría por un club en distintas personas famosas. Maradona por Boca, Daniel Samper por Santafé, Joan Manuel Serrat por el Barcelona e innumerables personas que acompañan a sus equipos cada fin de semana, los martes, los miércoles, los jueves (lo que nos hace ver porque los lunes son tan aburridos y los viernes la opción es salir a tomarse unas cervezas o rumbear: no hay fútbol), aquellos que lo siguen a todo lado, que no lo desamparan en ningún momento, los que, no sé cómo, iban a ver los partidos de la Copa Colombia.

Leyendo Fiebre en las gradas (o Fever Pitch en su título original) pensé un momento en lo que expone su autor, Nick Hornby: el fútbol como consumo. No sé trata de pensar, como siempre lo hemos hecho, sobre la belleza del juego, su poesía, la injusticia poética que lo rodea, la elegancia y el salvajismo que lo rodean. Es cómo sentimos el fútbol los que, además de amar jugarlo, amamos verlo. Y toca aclarar que no es lo mismo. Conozco gente que le encanta jugar pero no lo ve tanto, no se desviven por una final de Champions, mientras otros podemos ver felices un partido entre el Everton y el Wigan un sábado por la mañana, y hasta alguna vez hemos visto los partidos malos del verano argentino, en los cuales, por arte de los manjares navideños y la francachela, los jugadores pierden su talento, son lentos, torpes y parece un partido de esos que uno ve en la cancha del barrio. Rodillones pero televisados. Igualmente hay personas que están pendientes de todas las ligas, las transferencias, los resultados de la Libertadores y de la Sudamericana, hasta de los resultados de la Copa Colombia, pero por falta de talento, mal estado físico, o simple pereza no juegan. Pero pueden llegar a ser Biblias al respecto, pero no juegan ¿Alguien ha visto a un comentarista deportivo, a excepción de los de Fox Sports, jugar fútbol? O de haberlos visto, ¿hacerlo medianamente bien?

Pero este tema toca fibras más sensibles distintas de las que mencioné arriba. Es el hincha, no el aficionado. Es el sufrimiento y la devoción que puede tener una persona por un equipo. Quiero decir que es algo que en su mayoría no entiendo. El equipo del que soy hincha no es de mi ciudad. Por una de esas extrañas razones soy hincha de Nacional, tal vez porque ganaron la Libertadores cuando tenía sólo 3 años. De alguna forma ese hecho me tuvo que impactar y ese fue el resultado. Desde que tengo memoria soy hincha del verde. No tengo un momento de epifanía en el cual me diera cuenta de que ese iba a ser el equipo de mi vida. Simplemente pasó y ya. Creo que esto afectó claramente mi sentido de pertenencia. En primer lugar no es algo que comparta con muchos, nadie en mi familia es hincha de Nacional, menos mi papá, que es hincha de Millonarios. Es decir no cumple con esa función social de unir con la familia, de ser algo que en los viejos tiempos creaba un vínculo especial entre el padre y el hijo a partir de una afición. Junto a esto, no he visto a Nacional muchas veces en el estadio, aunque siempre ha sido con uno de mis amigos del alma y siento que es algo especial porque nos une de una u otra forma. No pude ir al Campín en la final contra Santa Fe ni contra Equidad porque se habían agotado las boletas, además que el día de la Equidad, tenía un guayabo horrible y vi el partido medio dormido. Sin embargo sufro cuando voy e igual sufro cuando veo el partido por televisión, no sólo con Nacional sino con el Real Madrid (otro amor extraño y raro en esta época en el cual el Madrid le cae mal a todo el mundo, aunque sea en la gente que conozco). Grito, madreo, me pongo bravo, insulto a un jugador del otro equipo si me cae mal (sólo lo hecho en dos casos, Fernández de Millonarios y Anchico de Santa Fé, no sé toda la vida me han caído mal, pero quiero añadir que es una actitud que aborrezco, especialmente cuando son insultos racistas o clasistas, algo tan común en nuestro ámbito), me creo técnico, le preguntó a Checho qué dicen en la radio, y no me quito la camiseta así hayamos perdido 5-0. Nacional me ha dado muchas alegrías y sufro cuando veo los partidos. Pero acepto que aunque me molesta verlos jugar mal, no sufro sobre manera por no estar entre los 8 (digo que hay que darle la oportunidad a otros equipos de que sean campeones, a ver si Santa Fe por fin lo logra después de ya no sé cuántos años), no la emprendo contra los jugadores de manera agresiva (sólo critico su rendimiento), no siento que mi apoyo sea fundamental, mejor dicho no me siento parte de una maquinaria.

Los partidos de ellos no determinan mi agenda social, eso es sólo con la Selección, a la cual, de manera masoquista, sigo viendo y apoyando, así Chile nos haya metido la mano, no hagamos un gol ni al arco iris, Giovanni no haga nada, al pobre Wason le toque sufrir sólo arriba igual que a Falcao (además de pensar que para triunfar como futbolista en Colombia uno tiene que llamarse Jackson, Darwin, los dos ya nombrados, Amaranto, Leonel, McNelly, por lo que uno de mis hermanos decidió que si nuestro primer sobrinita(o) es niño le vamos a poner Aquivaldo) y que perdamos por goles inverosímiles como el de Cabañas con Paraguay o el de Uruguay la fecha anterior, cuando no me acuerdo que uruguayo cabeceó sólo, más sólo que Tom Hanks en Naúfrago¸o Will Smith en Soy Leyenda . Pero no soy un hincha ferviente tampoco, como el de la Pena Máxima que aunque no es muy buena me hizo reír mucho la primera vez que la vi. No veo los amistosos contra Honduras, la “Argentina” de Centro América, como algún día la bautizó el Chiqui García. Tampoco voy al estadio, prefiero ver el partido con mis amigos tomándonos unas cervezas. Además es el colmo que nuestras boletas sean las más caras de Sudamérica. Comparativamente la gente está pagando más por ver a Rodallega y al Ringo Amaya (¡¡¡¡al Ringo Amaya!!!!) que por ver a Kaká o a Messi ¿No les parece el colmo? Creo que es una pequeña forma de resistencia a ver si algún día bajan los precios.

Pero volviendo al asunto, el mundo de los hinchas y de las barras es un poco difícil para mí. Tal vez tengo una dualidad al respecto. Leyendo el libro de Hornby entendí lo que un equipo puede significar para una persona. Mucha gente centra su vida a partir de sus aficiones, algunos con libros, otros con películas, otros con el trago, otros con su trabajo, entonces por qué alguien no podría hacerlo con un equipo de fútbol. Por qué alguien no puede utilizar su memoria con estadísticas de un club en vez del cumpleaños de sus seres queridos. Al comienzo pensaba que era una etapa de maduración. Hornby plantea, en un primer momento, qué ser hincha del Arsenal, era cuestión de adolescentes. Que en el momento en que la gente crece simplemente se perdería el fervor por el equipo. A él le duró tres meses. Para Hornby, en cuanto al fútbol, sería un niño toda la vida. Esta sería una buena explicación. Una de las pocas cosas con la cual podemos volver a la infancia y no sentirnos culpables ante los reproches de los demás. O una manera de mostrar que, en el fondo, nunca crecimos y que nos dejamos desbordar por la alegría de un hecho tan inocuo como ganar un partido sin importancia cuando ya no se define nada.




Pero hay cosas de esta afición que me parecen detestables: las barras bravas (no las barras que quede claro, ya que hay algunas muy simpáticas como las de Oriental en el Campín llena de viejitos y gente madura, que apoya sanamente a su equipo aunque madreen a todo el mundo en el partido). La falta de inteligencia en su mayor estado. Cómo hace un hombre con dos dedos de frente, cómo aquellos qué lideran los Comandos Azules o la Guardia, o Los del Sur, o todas las demás para pertenecer a estos grupos. Cómo alguien puede acuchillar a otra persona por llevar tal o cual camiseta. Alguien qué me explique. La estupidez en su forma extrema. Sé qué algunos dirán que soy un facho, qué ellos no tienen la culpa, qué no son todos, pero creo que uno tiene capacidad para decidir lo que hace y lo qué no, a pesar de tener 15 o 17 años, o 26 o 30, como matar a alguien o para cubrir a un asesino sólo porque sea hincha del mismo equipo que uno ¿Será que para poder consumir el fútbol toca despersonalizarse totalmente, matar a los demás, agarrarse con la policía, botar sillas de las tribunas, por lo qué, en el fondo, no es más que un simple juego?

Y ya cuando mi intolerancia hacia los hinchas de nuestro amado deporte parece apoderarse de mí, surgen hechos que me enternecen y me dejan conocer un poco la esencia del consumo de este deporte, que me causan admiración por lo inverosímil y poco sano que puede ser, pero al mismo tiempo por la poesía inconmensurable que lo rodea. Los hinchas sienten una comunión con su club. Cuando dice que hoy “jugamos nosotros” o cuando responden a la pregunta “¿hoy contra quién juegan?” no hacen sino ratificarlo. Los hinchas son gran parte del deporte ¿Ustedes vieron alguno de los partidos del Inter en la Champions cuando tuvieron que jugar a puerta cerrada? Fue un espectáculo lamentable. Sólo se escuchaban los gritos del técnico y las patadas de los jugadores. Al final fueron partidos sin alma. El hincha es, en el fondo, el que sufre con los resultados y al mismo tiempo, el que goza con ellos. El jugador tiene mayor capacidad de seguir adelante. Tal vez lo toman como una gloria personal. El hincha asume el éxito y el fracaso como algo colectivo, cómo algo que lo marcará toda la vida, su dolor es una soledad dentro de un montón de soledades, un dolor que lo une con los demás. Es ese sentimiento el que los identifica. Galeano no lo muestra de una manera magistral, hasta psicoanalítica se vuelve la cosa, poesía pura

Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval. (Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra)

Esta comunión nos lleva a hechos como la final del mundial del 50, el famoso “Maracanazo”. Todo un pueblo que lloraba por una derrota en su propio campo, hecho que acarreó suicidios y el rechazo eterno al arquero brasileño de ese entonces. Sé que es un poco trágico, pero revela el sentimiento que el juego llega a generar sobre un montón de gente, y que si mal no estoy, es exclusivo de este deporte (a excepción del beisbol para los gringos, pero como sólo es de ellos no cuenta). El fútbol es el deporte más universal que existe y el qué mayor emociones produce, de eso no hay duda. Las cifras de infartos subía en Inglaterra cuando había definiciones por penaltis, y por mi parte lo extenderé a todo el mundo, o si díganme quién no se pone nervioso cuando llega el momento de definir un partido desde los fatídicos once metros (creo que ésta debió ser la principal razón para que la UEFA implantara lo de gol de visitante, a lo cual sabiamente se le unió la CONMEBOL). O testimonios hermosos como el de Hornby cuando describe cuando quedaron campeones de la Liga inglesa después de 18 años en el momento en que todos lo abrazaban, cuando se salen las lágrimas, cuando se celebra a rabiar, cuando el corazón se detiene por un momento, cuando el alma se eleva de una u otra forma, cuando se convierte en un día que nunca se olvidará, cuando un gol se confunde con la literatura, cuando nos lleva hasta la muerte…

¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos: "¡Qué importa!" Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano! Yo elijo esa. (Roberto Fontanarrosa, 19 de diciembre de 1971)

Así la esencia del juego se reafirma, y podemos apreciar lo que algunos pocos idiotas nos quieren esconder, o nos quieren negar. El fútbol como consumo en su mayor esencia. No es cuestión de robarle una bandera a la otra barra, ni de estar persiguiendo a la gente del otro equipo. Es algo mucho más profundo, más sublime, menos estúpido. Es el sentido de comunión con algo que lo constituye a uno pero no lo despersonaliza. Es la alegría total o uno de los dolores más profundos. Es al fin y al cabo lo que sentimos con el fútbol, una de las razones por la cual enamora tanto. Por qué sin esta otra mitad, el juego tampoco tendría mucho sentido, ¿o no?

Psd: A los que le gusta el fútbol les recomiendo el libro. Nick Hornby. Fiebre en las gradas. Barcelona, Ediciones B, 1996, 293 p.

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lunes, julio 14, 2008

Banda Sonora



Como uno no puede ser tan serio siempre, voy a joder un ratico la vida. Aveces uno se encuentra cosas buenas por ahí. Estaba leyendo el blog de una persona demasiado brillante y vi esto. La banda sonora de la vida de uno. El ejercicio es simple y hasta divertido.

1. Open your library (iTunes, Winamp, Media Player, iPod, etc)
2. Put it on shuffle
3. Press play
4. For every event, type the song that’s playing
5. When you go to a new question, press the next button
6. Don’t lie and try to pretend you’re cool…

Y pues escribir sobre lo que salga... vamos a ver como nos sale y ustedes me dirán, si quieren, la banda sonora de la vida de ustedes. O qué les pareció ésta.



Opening Credits: Noche de sexo – Wisin y Yandel
Por Dios no podía haber mejor comienzo. Jajaja. Mientras van apareciendo los nombres de los actores, esta canción que nos recuerda al chico de las poesías y trae una toalla que te vas a mojar, hace su aparición con toda su hermosura. Una de las canciones favoritas de uno de mis amigos más cercanos. Realmente una buena entrada a todo lo que va a venir. Voy a devorarte y cumplir tus fantasías. Nadie te lo va a hacer como yo. ¡Nadie! El nacimiento de un latin lover.

Waking Up: Organ Melts You – Tristeza
Nada como esta imagen para generar terror. El despertar de una película surrealista como ya se habrán dado cuenta con los créditos del inicio. Mientras va sonando el teclado de Tristeza me voy fundiendo por la acción de este grupo maligno que decidió acabar conmigo de la forma más cruel y despiadada. Con razón me levanté de ese maldito sueño, quien no lo haría.

First Day At School: Rock DJ – Robbie Williams.
Entro al patio del colegio con mi lonchera y con mi mamá. Cuando ella me suelta y me deja solo, boto lo que tengo en mis manos, me pongo unas gafas oscuras Ray Ban y empiezo a caminar con decisión. Cuando estoy en medio de mis compañeros y compañeras (aunque estudie un colegio masculino, altero esta parte para que no se vea tan gay, jajjaa) empiezo a quitarme lentamente la ropa mientras todas se me lanzan encima. Mi estrellato se veía venir desde mi más tierna infancia, carajo.

Falling In Love: Go Back – Titäs y Fito Páez
Esta cosa ya se está poniendo rara. Aunque en realidad debía ser para romper con alguien, digamos que es una premonición de los fracasos amorosos que vendrán a lo largo de mi vida. Ya haciendo reclamos antes de haber terminado. Sólo quiero saber lo que puede ser cierto. Que quiero decir con eso, Solo quiero saber lo que puede dar cierto, No tengo tiempo a perder, Solo quiero saber lo que puede dar cierto, ya no se encantaran mis ojos en tus ojos, ya no se endulzara junto a ti mi dolor, pero hacia donde vaya llevare tu mirada y hacia donde camines llevaras mi dolor.

Fight Song: Memphis Exorcise – Squirrel Nut Zippers
Esta es la parte de la locura y la parodia. Me agarro con alguien por una vieja mientras suena un swing de los 40. Es una coreografía tipo película de Jackie Chan pero con zapatos de charol y una pista de baile. En realidad la pelea va a ser por un premio de un concurso de baile de una fiesta de disfraces temática, en la cual muestro todas mis peripecias en la pista y noqueo a mi contendor con mis movimientos y mi mirada matadora. Por supuesto la niña acaba en mi brazos, después de pasarla debajo de mis piernas y alrededor de mi cuerpo, como ratificación de mi victoria.

Breaking Up: Rearviewmirror – Pearl Jam
Esto me está empezando a asustar. Voy manejando mi carro y mientras miro el retrovisor me acuerdo de la primera que estuve con mi exnovia en el asiento trasero del mencionado aparato, y recordando la forma como me traicionó. Force to endure what I could not forgive. Saw Things, Clearer, Once you in my rearviewmirror. I gather speed from you fucking with me. Once and for all I'm far away. Te dejo, te dejo, te dejo atrás, me voy ya no más.

Prom: American Idiot – Green Day
Nunca tuve prom pero aprovechando la ocasión voy a imaginarme que por el despecho decido pegármela con toda en el prom y hacer una apología del hombre americano. Empiezo a caerle a todas mis amigas, al tiempo que intento hacer trucos de Jackass mientras me caigo de la borrachera más tenaz, me subo en la tarima de la orquesta y me caigo dándome un totazo que me deja tirado inconsciente en el piso. La decadencia total de rock star que fui en el colegio. Por supuesto pierdo el respeto de todo el mundo y mi dignidad, y mis papás dejan de hablarme por un par de meses.

Life: To Live Is to Die - Metallica
Mientras avanzo en mi recuperación de mi problema de alcoholismo, se hace un pequeño recuento de las cosas y como empeora todo y como llegué a ese nivel deplorable. Vivir, vivir, vivir me llevó hasta allá.

Mental Breakdown: We Throw Parties, We Throw Knives – Los Campesinos!
Y más encima me vuelvo loco, esto no puede ser. Al salir de rehabilitación, salgo y voy a una fiesta indie donde el ritmo de Los Campesinos! me deja así. Me imagino que todo el mundo me quiere matar con un cuchillo y salgo como un poseído y agarro el primer elemento cortopunzante (un pico de botella que logro obtener tras robarle la cerveza a alguien) y me enfrento a todos. Por supuesto regreso a rehabilitación.

Driving: Mexican Seafood – Nirvana
Al salir me da un antojo muy loco y decido irme hasta México a comer. Me pongo mi sombrero tipo Beck, me monto en el carro, y decido salir a hacer mi road trip por toda América Central, porque me parece el colmo que la gente solo piense en hacerlo por Suramérica, Europa y Estados Unidos. Lamentablemente no puedo llegar a la costa mexicana. Me devuelven porque piensan que soy un inmigrante ilegal. Por supuesto ya me habían robado todo en el camino.

Flashback: Honestly - Zwan
Tras todo esto, hago un pequeño flashbacks a esos momentos bonitos de la vida. Por supuesto no todo fue malo, hasta una que otra cosa fue de verdad. I feel love it’s honestly… La nostalgia me invade y decido volver con mi exnovia.

Getting Back Together: National Anthem – Jimmy Hendrix
¿Qué es esto? El patetismo es tal que suena el himno de Estados Unidos. Que producción tan barata y tan mala, llena de clichés. Menos mal lo toca Jimmy Hendrix.

Wedding: Not Even Jail - Interpol
Antes de casarme tengo un ataque de pánico y decido huir de la responsabilidad. Mientras intento escapar se arma una persecución con esta canción de fondo. Intento huir de la prisión del matrimonio, por lo que quiero volver a México. Lamentablemente me vuelven a detener en la frontera. Pero esta vez no llevaba nada y vuelvo con el smoking vuelto nada por lo que me cobran en Alexis Vargas

Birth of Child: Be Here to Love Me – Norah Jones
Vuelvo y mi mujer me perdona. Nace mi hija y el director se pone meloso. Mi hija aparece como el elemento de mi redención y como la personita que me va a dar el amor que tanto me negaron. Entonces escena tipo hospital con mi bebé en los brazos, o mientras la miro y ella está en la incubadora y golpeo el vidriecito. Escojan ustedes el cliché. Que vida tan cursi.

Final Battle: SXRT – Bloc Party
Cuando esperaba una canción contundente, suena la más suave de Bloc Party, aunque tiene una pequeña parte épica. Más bien es una canción de despedida y muestra que definitivamente perdí. Nada de batallas, la derrota se forjo siempre. Ni modo. I called up Eugene told him I was drowning. A battle that lasts a lifetime, A fight that never ends, Walking in the countryside, It seems that the winds have stopped.

Death Scene: El Gran Varón – Willie Colón.
Jajajaa, esta si fue la tapa. Se destapa la verdad. Además de todos los problemas tenía una doble vida. Lo de gay no se pudo arreglar. Se descubre que la presión de mi padre por que yo fuera un varoncito, me afectó radicalmente. Por las noches era un travesti y una noche mi padre me reconoció mientras buscaba a una niña del gremio más antiguo del mundo. No me conoces yo soy Nico, Nico tu hijo, el gran varón. Además no me jodan hasta describe la historia de mi muerte. Esto si se pasó. No aprendí a hacer limonada ni nada. En la sala de un hospital, de una extraña enfermedad murió Nico, es el verano del 93 al enfermo de la cama 10 nadie lloró, Nico, Nico, oh, oh, oh, Nico, porque definitivamente no se puede corregir a la naturaleza. Se imaginaban algo más triste. Yo no. Esto si fue devastador.

Funeral Song: Jorge Regula – The Moldy Peaches.
Además de eso mis problemas de esquizofrenia sacan a la luz mi tercer nombre: Jorge Regula. Me gustaba escribir canciones e ir a la playa. Let’s go to sleep. Mientras el ataud baja aparatosamente, la pantalla se va oscureciendo poco a poco. ¿Posibles directores? Eso si se lo dejo a ustedes...

miércoles, julio 09, 2008

Wishlist

a
Quisiera y fui una caricatura haciendo fila en una droguería mientras el sol se cae, y el cielo se torna rosado con un ligero toque violáceo
El pequeño bigote de un dictador lleno de sopa y de excrementos
Un aviso de 4 minutos diciéndote que pronto el día se irá y nunca más volverá, Señor Burns
Un poste de luz metido en tu cuarto mientras estás con alguien más
Los Arctic Monkeys, apuesto a que te ves bien en la pista de baile


Quisiera y fui una fila de aviones chocándose en el cielo, mientras cayendo presentan un espectáculo de sillas y botellas de whisky vacías
O tal vez el escupitajo de un ebrio que va dando tumbos chocando contra cada cuadro de la acera
Un hombre negro arrodillado frente a la Santa Muerte
Arturito Belano
Un musical con canciones de Louis Armstrong, Aretha Franklin, Frank Sinatra y Theolonius Monk, mientras Johnny se ríe con su saxo y un sombrero en forma de tapa de basura
Las flores marchitas de tu tumba, reposando sobre una base rota y derruida por la lluvia


Quisiera y fui un rompecabezas con ciento cuarenta y siete piezas inconexas
Abducido en el asiento trasero de tu auto, rescatado en el lago de tu autodestrucción con un tubo que sale de mi boca y se inserta en tu garganta
Elderly woman behind the counter in the small town
El cuchillo clavado entre tus ojos, mientras ríes de un mal chiste que te han contado
Un edicto de fe de la Inquisición: no judíos, no moros, no cristianos
Tu mano en la mía, el agua donde se hunde tu deseo por seis días


Quisiera y fui en un error en la perspectiva y en la simetría
El dolor que no atraviesa, aquel que no se drena ni se extrae, que subyace
Una lúdica amnesia que hallaste en una vuelta de ti misma
Blimunda y Baltasar al mismo tiempo
El último suspiro de tu memoria, los 21 gramos que te quedan
Tres hombres fumando al frente de las puertas de un hospital
Un Dios escurriéndose por los dedos mientras cierras tu puño, una sensación de grasa y miseria



Banda sonora: Wishlist por Pearl Jam


martes, julio 01, 2008

Sólo un café



Le preguntó qué tal estaba. Qué tal estaba qué el café, el periódico, tal vez el libro que traía junto a sí, la canción que estaba escuchando, el día, el trabajo, qué tal estaba qué o qué. Simplemente fue una pregunta que fue tomada por él con múltiples posibilidades. Qué decir. El café no estaba tan negro como le gustaba, qué por qué no habrá un Juan Valdez en todo lado, que esto sólo es agua y menos mal solo cuesta 500 si no se lo botaba a la señora a la cara por venderme esta porquería. El periódico, qué decir, las noticias son un asco como siempre, escándalo por acá, asesinato por acá, que le cortaron la mano a alguien y lo entregaron y todos felices, qué todo el mundo está bravo, nada que entregan a los secuestrados, qué todos apoyamos el presidente así no queramos, a mí nunca me han hecho la encuesta, pero él es definitivamente mejor presidente de la historia, ese si va a exterminar a todos esos bandoleros piltrafas humanas maldito sea el día en que nacieron nadie sabe que haríamos sin él y el día que él se muera, sé que lo van a llorar, llorar y llorar, ahí si todos nos vamos para el infierno y rece mijo que este país se lo van a tomar los comunistas, qué la selección no gana, y que los presidentes de todos lados están bravos con nosotros, y sino son los congresistas, y sino Human Rights Watch. Sólo se habla de eso, las víctimas borradas, quien sabe alguien de ellos, alguien sabe. ¿Usted sabe? No me diga mentiras. No sabe. Yo tampoco. El libro ahí más o menos pero me toca leerlo por obligación es algo como de una vaca, o de un queso y un ratoncito, algo parecido a Ama y no Sufras, que lo escribió un señor con muchos rizos que es una ternura. Como será que hasta El Tiempo ya le saca colección a todos ellos, aunque ellos publican cualquier cosa para que, las bibliotecas llenas de Deepak Chopra, Osho, el magnífico Paulo Coelho, que se piratea a sí mismo en un acto de rebeldía, menos mal no ha visto como se vende los libros de él en los semáforos de acá, porque sino montaría una factoría. Lástima que ya no se pueda. Cierto que vender cosas en un semáforo se volvió delito. Qué cosas pobre la gente que tiene que aguantarse los trancones en las calles, mientras van en sus camionetas por esos muertos de hambre que no quieren trabajar. Qué se suban todos a los buses que en ellos hay más gente y seguro deben tener más plata, ya que dejan sus carros y son buenos ciudadanos al dejarlo en casa para bajar la contaminación. Además que la gasolina está muy cara. Nos va a tocar esperar que los muertos de Irak también se vuelvan una fuente de energía de combustión. Inversión asegurada quién me dice que no. Y si no se le hace, ya lo hicieron una vez. Para la segunda tienen más experiencia. La canción, cual canción si estaba era escuchando a Julito que es el imprescindible de todas las mañanas, yo también llamaría a que me colgara, además aceptemos que Julito no tiene muy buen gusto musical y ni hablar de Casas y de Felix. Es importante saber cómo le fue a Julito en Miami, si la corresponsal en Madrid recibió la camiseta de Juanes o si Alejandro Sanz tiene algo con Shakira. Y yo que pensé que era feliz con Antonito. Pero tal vez se dio cuenta que es un bueno para nada. Alguien qué me diga qué hace ese señor. ¿Tiene trabajo? ¿Vive de la renta? ¿Tal vez algunos dolarillos sacados de Argentina? Bueno yo no soy nadie para meterme en la vida privada de él, qué haga lo que quiera. Además se me dañó el Ipod, no sé por qué diablos no le puedo meter más canciones pisé los audífonos un día bailando y cuesta mucho volver a comprar los mismos. Además era un chuzo de mala muerte. Donde uno se tiene qué meter cuando no hay más. Aunque no estuvo tan mal. El día pues ahorita está como bien pero por la noche hace un frío del demonio que me toca dormir con saco y medias, el manual de lo anti-sexi en persona, esos que aparecen en Cosmopolitan y en la revista Teen pues las niñas de 17 ya nos dan sopa y seco a ¡todos! Siempre me mojo porque odio andar con paraguas para todo lado porque cuando salgo de mi casa está haciendo un sol del demonio. Aunque como ahora está tan picante la gente también lo usa para defenderse de él. Ya es un peligro caminar por ahí, el otro día casi me sacan un ojo con un paraguas dañado. Iba por el centro y bueno yo no soy un tipo muy alto, menos con los pelados de ahora que miden como 2 metros a los 15 y tienen abdomen plano y miran al resto del mundo con aire de superioridad. Por lo menos están arriba. Donde fueran más chiquitos que yo y me miraran por encima del hombre ahí sí hago algo. Pero si soy más alto que mucha gente de las generaciones predecesoras, y pues una señora de 1.50, yendo a toda por la séptima, elevando ese paraguas lo más que podía y yo yendo rápido para no mojarme tanto, llevaba libros en la maleta y siempre que llueve se me vuelven una porquería. Hasta me toca usar secador para arreglarlos un poco. Además, siempre empieza a llover cuando uno sale de la estación del bus y no hay un refugio como a 10 minutos, a menos que los celadores de los múltiples conjuntos me dejaran entrar en su garita, pero creo que eso no es posible. Bueno, al menos aquí no. Y pues el trabajo igual que siempre, saliendo de vez en cuando a hacer unas vueltas, coqueteándole a la recepcionista que está divina, aveces me pone cuidado, aveces no, almorzando mal y comiendo peor, ya me está empezando a salir barriga de estar sentado todo el día, y cuando juego fútbol acabo magullado, ya los pies no me dan, estoy hecho un tronco, me cansó a los 15 minutos y pues toca correr por que pa’ que a uno le gusta, pero con el pasar de los minutos se vuelve una tortura, me caigo solo, me tropiezo con el balón, me hacen túneles, me ganan todos los saltos, aunque aún hago unos golecitos. Lo bueno es que el jefe no molesta mucho y pues le entrego lo que toca. De resto pues nada, esperando el ascenso, ahorrando unos pesos, gastando la mayoría, en ya saben qué. En lo que la gasta todo el mundo. En tintos, periódicos, libros, no mentiras libros no, la gente no gasta plata en libros, trago, comida chatarra, si chatarra porque la papa está muy cara y me tocaría pelarla y cocinarla, arriendo, buses, luz, celular, gas, agua, televisión, internet, sino en la casa si en un café internet de esos que hay por todo lado, que llevar algo donde mis papás, salir con los amigos, pagar deudas, porque uno siempre debe tener una deuda por ahí, sino espere y verá. Y pues nada, sentado aquí viéndole la cara de afán a todo el mundo. Creo que estoy bien. ¿Y tú?