Sobre Héroes y sobre todo sobre TUMBAS
Got a gun, fact I got two, that’s ok men cuz I love god, Glorified version of a pellet gun feels so manly, when armed
Pearl Jam
Hace unas semanas iba a un almuerzo familiar donde una tía en Cajicá, un pueblo cercano a Bogotá. En el peaje, mi papá recibió unos papelitos de la mano de un soldado del Ejército Colombiano. Eran dos tiritas de papel que decían “Los héroes en Colombia sí existen”. Cuando mi papá me las dio las miré con detenimiento y me di cuenta que era una campaña del ejército para recordar el aniversario de la Operación Jaque. Después de esto salió toda una parafernalia del ejército que contaba con propagandas, avisos en la prensa, vallas publicitarias y demás.
En primer lugar pensé que era una campaña para contrarrestar el duro impacto que los falsos positivos tuvieron en la opinión pública. Básicamente que el ejército no había hecho nada en un año contra las FARC y que tenía que recordarle a la población que habían hecho algo más que matar muchachos inocentes de Soacha a sangre fría, cobarde e impunemente. Era muy triste ver como estos avisos ocupaban las primeras páginas de los periódicos mientras los juicios sobre los falsos positivos aparecían en la página 17 de El Tiempo (mayor diario del país y cuyos dueños son familia del vicepresidente), como notas sin importancia, como información general, aquella que no le importa a nadie y que sólo leen los abuelitos que leen el periódico de pe a pa. El contraste era evidente. La hipocresía de este país permite el asesinato de jóvenes inocentes y la no reparación sobre sus familias al negar, descaradamente, el concepto de crímenes de Estado. Si esto no puede ser considerado así, cómo lo podemos entender. Acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano los culpables de estas muertes? O acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano quienes montaron una mafia para traficar con la muerte de muchachos cuyo único pecado era la pobreza y su búsqueda de un trabajo digno con tal de sobrevivir?
De esta forma pensaba ¿qué clase de héroes tenemos en Colombia? O mejor ¿si existen los héroes en Colombia? La crítica más fuerte que se puede hacer a mi argumento es que no puedo culpar a toda una institución por la actuación de unos pocos de sus integrantes. Pero analizando la actuación de la fuerza pública colombiana en la última década no me queda más que decir que no son casos aislados. Los hechos son recurrentes y, lo peor, olvidados por la opinión pública colombiana. Pero ejemplos hay y de sobra. ¿Cómo olvidar la labor del ejército en la masacre de San José de Apartadó donde hubo una colaboración activa con grupos paramilitares en el asesinato y descuartizamiento de niños en el 2005?
Al día siguiente, el lunes 21 de febrero, Guerra decidió salir por fin hacia su cultivo, con su compañera, Bellanira, de 17 años, su hijo Deiner ,de 11, quienes iban a lomo de mula, y su hermano medio Darío. Después de un corto recorrido, a eso de las 8 de la mañana, un grupo de militares salió entre la maleza y los detuvo. Desde un principio Darío temió lo peor. Se dio cuenta de que la actitud de los uniformados era taimada y extraña. Tuvo el presentimiento -al parecer correcto- de que con los militares había paramilitares. Entonces cuando vio que toda la atención de los soldados se centró en Luis Eduardo, se fue escabullendo detrás de la mula y, como pudo, salió corriendo entre la maraña. Poco después escuchó gritos de dolor y de espanto. Y ningún disparo. Los habían matado a garrote y con machete. Y degollados. Y aunque Gordillo dice que no sabe nada sobre estas primeras muertes, los investigadores tienen la hipótesis de que fueron sus tropas combinadas de militares y paramilitares, quienes estaban en ese lugar
Jorge Luis Salgado, alias 'Kiko', paramilitar del Bloque Héroes de Tolová, ahora en prisión, la contó a la Procuraduría lo que ocurrió esa tarde: "…vi que había una mujer muerta en el piso… de repente reportaron a los comandantes de unos niños que estaban adentro de la casa… creo que estaban debajo de la cama… fueron sacados de allí al patio… se le preguntó al comandante que qué se hacía con estos niños y llegaron a la conclusión de que serían una amenaza en el futuro diciendo textualmente que ellos crecían y se volverían guerrilleros… por ese motivo se ordenó ejecutarlos en silencio… fue cuando en esos instantes apareció el papá de ellos, con una rula en la mano… los peladitos gritaron ¡papá!... él les decía que no iba a pasar nada y les suplicó a los comandantes que por favor no fueran a matar a los niños… entonces él se arrodilla con las manos en la nuca… los niños corrieron hacia él… y es cuando el papá, ya consciente de lo que iba a suceder, le dice al niño que ellos iban a hacer un viaje largo y que posiblemente no iban a regresar… entonces la niña le busca al niño una ropita en un taleguito, y se lo entrega diciendo adiós con la mano…". (Tomado de Semana aquí pueden ver el artículo completo)
Y no son las únicas. La participación y negligencia del ejército en la masacre de Trujillo, el Aro, la actuación del coronel Rito Alejo del Río en Urabá (no hay que olvidar que éste fue condecorado por Álvaro Uribe por sus asesinatos), las torturas de los mismos uniformados en sus entrenamientos, la alianza con paramilitares en el Bajo Cauca, la violación de una niña desplazada por policías bachilleres, el asesinato de 11 miembros de la DIJIN por parte de militares al servicio de bandas del narcotráfico, entre otras, nos muestran un historial de las alianzas de las fuerzas armadas colombianas con grupos ilegales y, en algunos casos, su total sumisión a ellos. Los héroes colombianos sirvieron y en algunos casos todavía sirven a estructuras mafiosas que dominan amplias zonas del país imponiendo la ley del más fuerte y del que tenga más armas, la seguridad democrática (Urabá y algunas zonas del Putumayo y el Magdalena Medio son los mejores ejemplos).
Sin embargo quiero hacer una aclaración. Creo que sí hay soldados honestos y que muchos entregan su vida por proteger a los colombianos y colombianas. Y también creo que se debe enfrentar a las FARC, como un grupo terrorista que secuestra y asesina colombianos y colombianas. Pero ellos no son los únicos (bandas emergentes y narcotraficantes también son grupos armados que hacen lo mismo, pero que no reciben el mismo tratamiento por parte del gobierno) y, muchas veces, nuestros propios “héroes” se han rebajado a la calaña de estos, confundiéndose con ellos, convirtiéndose en uno más de ellos. En contextos como estos es cuando una de las frases con las cuales comienza la película “Los Infiltrados” de Martin Scorsese, en boca de Frank Costello (Jack Nicholson), cobra un gran sentido: “But what I’m saying to you is this: when you’re facing a loaded gun, what’s the difference?”.
En días pasados se celebraron 199 años de la Independencia de Colombia. Lo que más me llamó la atención de la celebración fue el excesivo énfasis militar que se le dio a la cuestión. Además de la cabalgata simulando la travesía del ejército de Bolívar (que fue en 1819 y no en 1810), se dieron un sinnúmero de desfiles militares. En el puente de Boyacá (lugar donde se dio la batalla que consolidó la independencia colombiana en 1819) se colgó una pancarta con la cara de un soldado y la leyenda de los héroes en Colombia sí existen. Esta imagen de la segunda independencia de Colombia lo que está enfatizando es la construcción de un discurso sobre la violencia como un hecho constitutivo de nuestra identidad y, sobre todo, del silencio sobre los hechos atroces de la institución militar. Los héroes en Colombia sólo tienen derecho a tomarse una cerveza después del trabajo y deben tener un fusil en la mano. Esta construcción de memoria es sumamente injusta y, sobre todo, excluyente. Uno de los ejemplos lo encontramos en el monumento que se hizo en la 26 en Bogotá a los soldados caídos en combate. Estas víctimas del conflicto son consideradas las únicas víctimas por el Estado colombiano. Yo me pregunto, ¿dónde está el monumento a los niños descuartizados? ¿Dónde está el monumento a los jóvenes de Soacha? ¿Dónde ubicamos la pila de huesos?
Hoy hace 10 años mataron a Jaime Garzón. Hoy ha sido un día de nostalgia y de dolor. Hoy hace 10 años sí mataron a un héroe. Hace 10 años acabaron con la risa de este país y nos dejaron un vacío que poco a poco esta siendo silenciado. No debemos dejar que esto pase. Recordar a Jaime Garzón puede ser un camino. Es hora de dejar de glorificar pistolas. Es hora de dejar de glorificar la muerte. Ahora sí, súbanle el volumen a su computador, escuchen esta canción y ríanse con Jaime. Esto es en su honor.
Aquí está la letra de la canción.
Pearl Jam
Hace unas semanas iba a un almuerzo familiar donde una tía en Cajicá, un pueblo cercano a Bogotá. En el peaje, mi papá recibió unos papelitos de la mano de un soldado del Ejército Colombiano. Eran dos tiritas de papel que decían “Los héroes en Colombia sí existen”. Cuando mi papá me las dio las miré con detenimiento y me di cuenta que era una campaña del ejército para recordar el aniversario de la Operación Jaque. Después de esto salió toda una parafernalia del ejército que contaba con propagandas, avisos en la prensa, vallas publicitarias y demás.
En primer lugar pensé que era una campaña para contrarrestar el duro impacto que los falsos positivos tuvieron en la opinión pública. Básicamente que el ejército no había hecho nada en un año contra las FARC y que tenía que recordarle a la población que habían hecho algo más que matar muchachos inocentes de Soacha a sangre fría, cobarde e impunemente. Era muy triste ver como estos avisos ocupaban las primeras páginas de los periódicos mientras los juicios sobre los falsos positivos aparecían en la página 17 de El Tiempo (mayor diario del país y cuyos dueños son familia del vicepresidente), como notas sin importancia, como información general, aquella que no le importa a nadie y que sólo leen los abuelitos que leen el periódico de pe a pa. El contraste era evidente. La hipocresía de este país permite el asesinato de jóvenes inocentes y la no reparación sobre sus familias al negar, descaradamente, el concepto de crímenes de Estado. Si esto no puede ser considerado así, cómo lo podemos entender. Acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano los culpables de estas muertes? O acaso ¿no fueron agentes del Estado colombiano quienes montaron una mafia para traficar con la muerte de muchachos cuyo único pecado era la pobreza y su búsqueda de un trabajo digno con tal de sobrevivir?
De esta forma pensaba ¿qué clase de héroes tenemos en Colombia? O mejor ¿si existen los héroes en Colombia? La crítica más fuerte que se puede hacer a mi argumento es que no puedo culpar a toda una institución por la actuación de unos pocos de sus integrantes. Pero analizando la actuación de la fuerza pública colombiana en la última década no me queda más que decir que no son casos aislados. Los hechos son recurrentes y, lo peor, olvidados por la opinión pública colombiana. Pero ejemplos hay y de sobra. ¿Cómo olvidar la labor del ejército en la masacre de San José de Apartadó donde hubo una colaboración activa con grupos paramilitares en el asesinato y descuartizamiento de niños en el 2005?
Al día siguiente, el lunes 21 de febrero, Guerra decidió salir por fin hacia su cultivo, con su compañera, Bellanira, de 17 años, su hijo Deiner ,de 11, quienes iban a lomo de mula, y su hermano medio Darío. Después de un corto recorrido, a eso de las 8 de la mañana, un grupo de militares salió entre la maleza y los detuvo. Desde un principio Darío temió lo peor. Se dio cuenta de que la actitud de los uniformados era taimada y extraña. Tuvo el presentimiento -al parecer correcto- de que con los militares había paramilitares. Entonces cuando vio que toda la atención de los soldados se centró en Luis Eduardo, se fue escabullendo detrás de la mula y, como pudo, salió corriendo entre la maraña. Poco después escuchó gritos de dolor y de espanto. Y ningún disparo. Los habían matado a garrote y con machete. Y degollados. Y aunque Gordillo dice que no sabe nada sobre estas primeras muertes, los investigadores tienen la hipótesis de que fueron sus tropas combinadas de militares y paramilitares, quienes estaban en ese lugar
Jorge Luis Salgado, alias 'Kiko', paramilitar del Bloque Héroes de Tolová, ahora en prisión, la contó a la Procuraduría lo que ocurrió esa tarde: "…vi que había una mujer muerta en el piso… de repente reportaron a los comandantes de unos niños que estaban adentro de la casa… creo que estaban debajo de la cama… fueron sacados de allí al patio… se le preguntó al comandante que qué se hacía con estos niños y llegaron a la conclusión de que serían una amenaza en el futuro diciendo textualmente que ellos crecían y se volverían guerrilleros… por ese motivo se ordenó ejecutarlos en silencio… fue cuando en esos instantes apareció el papá de ellos, con una rula en la mano… los peladitos gritaron ¡papá!... él les decía que no iba a pasar nada y les suplicó a los comandantes que por favor no fueran a matar a los niños… entonces él se arrodilla con las manos en la nuca… los niños corrieron hacia él… y es cuando el papá, ya consciente de lo que iba a suceder, le dice al niño que ellos iban a hacer un viaje largo y que posiblemente no iban a regresar… entonces la niña le busca al niño una ropita en un taleguito, y se lo entrega diciendo adiós con la mano…". (Tomado de Semana aquí pueden ver el artículo completo)
Y no son las únicas. La participación y negligencia del ejército en la masacre de Trujillo, el Aro, la actuación del coronel Rito Alejo del Río en Urabá (no hay que olvidar que éste fue condecorado por Álvaro Uribe por sus asesinatos), las torturas de los mismos uniformados en sus entrenamientos, la alianza con paramilitares en el Bajo Cauca, la violación de una niña desplazada por policías bachilleres, el asesinato de 11 miembros de la DIJIN por parte de militares al servicio de bandas del narcotráfico, entre otras, nos muestran un historial de las alianzas de las fuerzas armadas colombianas con grupos ilegales y, en algunos casos, su total sumisión a ellos. Los héroes colombianos sirvieron y en algunos casos todavía sirven a estructuras mafiosas que dominan amplias zonas del país imponiendo la ley del más fuerte y del que tenga más armas, la seguridad democrática (Urabá y algunas zonas del Putumayo y el Magdalena Medio son los mejores ejemplos).
Sin embargo quiero hacer una aclaración. Creo que sí hay soldados honestos y que muchos entregan su vida por proteger a los colombianos y colombianas. Y también creo que se debe enfrentar a las FARC, como un grupo terrorista que secuestra y asesina colombianos y colombianas. Pero ellos no son los únicos (bandas emergentes y narcotraficantes también son grupos armados que hacen lo mismo, pero que no reciben el mismo tratamiento por parte del gobierno) y, muchas veces, nuestros propios “héroes” se han rebajado a la calaña de estos, confundiéndose con ellos, convirtiéndose en uno más de ellos. En contextos como estos es cuando una de las frases con las cuales comienza la película “Los Infiltrados” de Martin Scorsese, en boca de Frank Costello (Jack Nicholson), cobra un gran sentido: “But what I’m saying to you is this: when you’re facing a loaded gun, what’s the difference?”.
En días pasados se celebraron 199 años de la Independencia de Colombia. Lo que más me llamó la atención de la celebración fue el excesivo énfasis militar que se le dio a la cuestión. Además de la cabalgata simulando la travesía del ejército de Bolívar (que fue en 1819 y no en 1810), se dieron un sinnúmero de desfiles militares. En el puente de Boyacá (lugar donde se dio la batalla que consolidó la independencia colombiana en 1819) se colgó una pancarta con la cara de un soldado y la leyenda de los héroes en Colombia sí existen. Esta imagen de la segunda independencia de Colombia lo que está enfatizando es la construcción de un discurso sobre la violencia como un hecho constitutivo de nuestra identidad y, sobre todo, del silencio sobre los hechos atroces de la institución militar. Los héroes en Colombia sólo tienen derecho a tomarse una cerveza después del trabajo y deben tener un fusil en la mano. Esta construcción de memoria es sumamente injusta y, sobre todo, excluyente. Uno de los ejemplos lo encontramos en el monumento que se hizo en la 26 en Bogotá a los soldados caídos en combate. Estas víctimas del conflicto son consideradas las únicas víctimas por el Estado colombiano. Yo me pregunto, ¿dónde está el monumento a los niños descuartizados? ¿Dónde está el monumento a los jóvenes de Soacha? ¿Dónde ubicamos la pila de huesos?
Hoy hace 10 años mataron a Jaime Garzón. Hoy ha sido un día de nostalgia y de dolor. Hoy hace 10 años sí mataron a un héroe. Hace 10 años acabaron con la risa de este país y nos dejaron un vacío que poco a poco esta siendo silenciado. No debemos dejar que esto pase. Recordar a Jaime Garzón puede ser un camino. Es hora de dejar de glorificar pistolas. Es hora de dejar de glorificar la muerte. Ahora sí, súbanle el volumen a su computador, escuchen esta canción y ríanse con Jaime. Esto es en su honor.
Aquí está la letra de la canción.
Etiquetas: actualidad, historia, memoria








