jueves, octubre 19, 2006

Allegro ma non troppo

Como la mayoría de ustedes saben, estudio historia (sí con minúscula). Sé que suena aburrido y, algunas veces, puede serlo. Sin embargo, también hay cosas bastantes divertidas. Los siguientes fragmentos son de un pequeño librito del historiador italiano Carlo Cipolla, que nos muestra que muchas de nuestras explicaciones "racionales" sobre lo que pasó, pueden ser vistas desde ópticas más cómicas y, sobre todo, irónicas. Así, abre las puertas a nuevas interpretaciones que espero disfruten... (La edición del libro es la siguiente: Carlo Cipolla. Allegro ma non troppo. Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1998. Las páginas citadas corresponden a éste. Disponible en la Luis Ángel Arango).

1. Una nueva interpretación sobre la caída del imperio romano...

“El plomo, si se ingiere o se absorbe en dosis superiores a un miligramo al día, puede provocar estreñimiento doloroso, pérdida de apetito, parálisis de las extremidades y, finalmente, puede producir la muerte. Puede, además, ser causa de esterilidad en los hombres y de abortos en las mujeres. Siguiendo con la tesis del ilustre sociólogo, los romanos, y en particular los aristócratas, ingerían cantidades de plomo superiores al límite tolerado. No tan sólo existía la recomendación de Plinio el Viejo de que “se usaran recipientes de plomo y no de bronce” para la cocción de los alimentos, sino que además el plomo era utilizado en la fabricación de tuberías de conducción de agua, jarras, cosméticos, medicinas y colorantes. Añádase a esto que los romanos, para conservar mejor y endulzar el vino, añadían zumo de uva no fermentado que, a su vez, había sido hervido y decantado en recipientes revestidos internamente de plomo. De este modo, mientras pretendían esterilizar el vino, los romanos “no se daban cuenta de que se esterilizaban a sí mismos””. Págs. 14-15.

2. Del porqué de la religiosidad de la Edad Media...

“La pimienta – todo el mundo lo sabe – es un potente afrodisíaco. Privados de pimienta, los europeos a duras penas consiguieron compensar las pérdidas de vidas humanas causadas por nobles locales, guerreros escandinavos, invasores húngaros y piratas árabes. La población disminuyó; las ciudades se despoblaron, mientras que los bosques y los pantanos se extendían cada vez más. Perdida ya toda esperanza de alcanzar una vida mejor en este mundo, la gente fue depositando cada vez más sus esperanzas en la vida del más allá, y la idea de obtener recompensas en el cielo la ayudó a soportar la falta de pimienta en esta tierra.” Pág. 20.

3. O el porqué de las Cruzadas...

“En todas las formas de migración humana existen unas fuerzas de atracción y de estímulo. La pimienta fue, sin duda, la fuerza de atracción; el vino fue la fuerza de estímulo. El francés Rutebeuf cuenta que, tras una noche de abundantes libaciones, los nobles estaban henchidos de fervor por la Cruzada, y soñaban en voz alta con proezas en la batalla y acciones gloriosas. Esto lo escribía Rutebeuf en el siglo XIII, pero el sentido de su testimonio puede ser retrotraído a Pedro y sus secuaces. Como ya tuve ocasión de decir, según Gilberto de Nogent, Pedro “se alimentaba de pescado y de vino”. Es posible que a sus secuaces no les gustara demasiado el pescado, pero en lo que se refiere al vino desde luego no ponían ninguna objeción.” Pág. 24.

4. Una nueva explicación del desarrollo de la metalurgia europea o el cinturón de castidad...

“Dejando aparte el caso extraordinario de Escandinavia, puede afirmarse con absoluta certeza que la Europa de la Edad Media estaba dominada indiscutiblemente por el hombre. El hombre era dueño y señor absoluto. Lo que pudieron pensar las mujeres en su fuero íntimo, no se sabe. Aparentemente declaraban aceptar la supremacía del varón. No obstante, había un proverbio que rezaba así: “Fiarse de la propia mujer está bien, pero no fiarse está mejor”. Casi todos los cruzados eran analfabetos, pero conocían bien los refranes. Así nació en aquel contexto sociocultural la idea del cinturón de castidad; uno tras otro, los cruzados se preocuparon de ponerse a cubierto de bromas pesadas colocando a sus mujeres el incómodo (para la mujer) pero tranquilizador (para el marido) cinturón. Fueron tiempos prósperos para los herreros, y la metalurgia europea entró en una fase de fuerte expansión. Este fue tan sólo el primero de una serie completa de desarrollos espectaculares.” Págs. 25-26.

Más adelante les seguiré comentando sobre algunos apartados de este curioso libro... y sobre todo su mayor aporte: las leyes fundamentales sobre la estupidez humana...

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Siempre es creíble que los celos o las ganas de mantenerse como el único hombre en la vida una mujer pueden llevar al desarrollo de la metalurgia; pero hasta donde la pimienta es un afrodisíaco tan fuerte como para ser el por qué de una vida?? eso tendré q comprobarlo.

5:10 PM  
Anonymous Carmen said...

Como siempre, genial. Merece la pena leer a Cipolla.

Saludos.

4:18 PM  

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