jueves, septiembre 02, 2010

16 de junio de 2007

Este es un ejercicio retrospectivo inspirado en un artículo que estoy leyendo sobre performatividad queer y vergüenza. Es un texto que escribí hace 3 años en una tarjeta postal en la oficina de housekeeping en un hotel en California que me encontré hoy buscando una dirección. Es un esfuerzo por mirar atrás, sentir vergüenza, por leer sin distancia (y sin embargo no poder dejar de hacerlo). Simplemente una manera de rememorar la experiencia.




Hoy ha sido un día extraño. Es difícil levantarse acá. Fuera por mí y dormiría todo el día. Tal vez porque a veces da mamera trabajar. Pero creo que la verdadera razón es porque no quiero pensar. Y por eso siento que me da tanto sueño y que me gustaría dormir en todas las camas de este hotel menos en la mía. También existe el hecho de que casi siempre me toca el turno de la noche y me toca trabajar. Son horas esperando a que algún cliente llame a ver si quiere algo. En estos momentos mi única compañía son Bolaño, un radio en el que escucho todas las conversaciones del resort y un equipo que coge apenas unas cuantas emisoras. Aveces lo apago. Aveces sólo está el ruido de las bombillas. De esta forma me siento un poco vacío, con una sensación de extrañeza por una voz que me falta a cada momento. Pero hoy vi al oso. El oso. Vieras como todo gira acá en torno al oso. Cerramos las puertas por el oso, guardamos la basura por el oso, no salimos después de las 12 por el oso. El que vi hoy se parece un poco al de la foto. Era pequeño, de pelaje café y corría por las montañas y por la carretera como si nada. Intenté aproximarme lo más posible pero no pude. A pesar de todo son bastante rápidos. El oso paso a mi lado mientras jugaba tenis y sentía un dolor inmenso en el hombro. Sólo me gustaría poder contarte cosas como estas. Un lago inmenso y el oso. La puerta se desespera tras el silencio de quien la golpeó: el oso.

0 comentarios: