Algunos decían que por qué nos iba a importar un hecho tan “lejano” (en este momento hablar que algo es lejano no parece muy pertinente), que por qué perdían el tiempo de esa forma. A mí me parecía un argumento parroquial. Por lo visto sólo puede interesarnos aquello que pase dentro de nuestras limitadas fronteras o, en el peor de los casos, en nuestra ciudad. Es una de las razones por las cuales (me incluyo) desconocemos noticias de otros lados, y sólo pensamos que el mundo empieza y termina en Uribe. Si ese argumento fuera válido no podríamos ver fútbol de otro lado, por ejemplo ¿Acaso la tanda de superclásicos en España no tuvo a más de uno (me incluyo) pendiente sólo de ese hecho por 2 semanas y media? Otro argumento utilizado fue el siguiente: ¿por qué la gente iba a madrugar a ver una boda? Que eso era algo, por decir lo menos, absurdo. Puede ser. Pero muchos también madrugamos a ver los partidos de los mundiales, por ejemplo. Recuerdo despertarme un día a las 2 a.m a ver un partido de Paraguay en el Mundial Corea-Japón. El partido (como la gran mayoría de partidos de Paraguay) fue un bodrio. Pero igual lo vi. Y sé que muchos hicieron lo mismo que yo. Unos dirán que es fútbol (me incluyo), que es un mundial y que, por lo tanto, es algo importante. Pero sí a otra persona le gusta madrugar a ver una pareja casarse pues es problema de esa persona, así como es mi problema madrugar a ver un partido de fútbol. Otro argumento era que eso era demasiado farandulero. Pero acaso ¿no hay muchos que esperan ver los premios Oscar o cuanto premio haya? Están pendientes de alfombras rojas, de cómo van vestidos, de quién está con quién. Disfrutamos con el chisme ¿Por que otros no pueden hacerlo también? Otra gente utilizaba el argumento del dinero. Qué se gastaba mucha plata en eso, qué eran los impuestos de la gente, que se podía gastar de mejor forma. Tal vez. Pero, al fin y al cabo, es plata de los británicos. Sé que muchos no están de acuerdo con este uso de los recursos dentro de Gran Bretaña. Pero creo que hasta ahora no han hecho lo suficiente tampoco. Si nosotros nos gastamos el dinero en paradas militares, o simplemente no lo robamos en actos perversos de corrupción ¿Por qué ellos no pueden gastarse el dinero en lo que se les de la gana?

Esto me lleva a la pregunta de qué es lo que legitima que ese dinero se gaste de esa forma y que la gente esté tan pendiente de dos personas que no tienen mayor talento (no sé requiere mucho para nacer hijo de un príncipe, ser hijo de una princesa que fue muy querida por un pueblo o ser la esposa de ese príncipe). Algo que me pareció curioso de la discusión es que casi nadie (y si alguien lo hizo no se volvió una idea predominante) cuestionó la misma institución de la realeza desde sus principios básicos. No que era una institución que gastaba mucho dinero o que estaba llena de escándalos. Sino desde su más elemental principio: hay personas que, por nacimiento, son superiores a otras y por eso están destinadas a gobernar sobre los demás. El excesivo énfasis mediático en esta figuras sólo nos muestra que esta idea persiste arraigada en lo más profundo de nosotros. La figura del rey sigue predominando en nuestras cabezas, se legitima cada día así no lo queramos aceptar. Por eso hicimos tanta alharaca cuando el rey Juan Carlos le dijo a Chávez “¿por qué no te callas?” (no estoy defendiendo a Chávez por que no tiene defensa ese hombre). El hecho es que celebramos el lugar desde el cual hizo el rey esa afirmación: desde su condición real. No se han preguntado ¿qué derecho tiene el rey para mandar callar a cualquier mandatario sudamericano, sea quién sea?
En ese mismo tiempo estuvo en boga la noticia sobre los nazis criollos o morenazis como fueron llamados en muchos sitios. Sin embargo quiero ir más allá de lo patético de la situación, de la apología al delito y al genocidio y de que brindaran con vino con hielo en vasos plásticos. Cuando salió la noticia no podía con la indignación que sentía, al igual que muchos que la comentaron. Neonazis en pleno centro de la ciudad, uniformados, con brazaletes marcados con la cruz gamada era una situación hilarante y, al mismo tiempo, bochornosa y terrible para una sociedad que se cree multicultural e incluyente (una situación más entre muchas). Nuevamente empezaron a surgir argumentos que los atacaban. Más allá de los mencionados anteriormente, la crítica más fuerte que se le hacía a este grupo era que por qué no se miraban a un espejo, que si no veían que eran mestizos, que eran indígenas, que cualquier nazi en Alemania los hubiera cogido a patadas (cosa que me imagino cierta). El argumento en sí, era que ellos no eran blancos y que eran unos pobres idiotas por creer que podían ser nazis (lo de idiotas no se lo voy a negar a nadie). Sin embargo, este argumento me sorprendía totalmente ¿Es decir que si estos neonazis criollos hubieran sido blancos, descendientes “puros” de los arios, tendrían todo el derecho de ser nazis?
Este argumento me desconcertó y caí en cuenta de lo interiorizado que tenemos los conceptos de blancura y pureza en nuestro diario vivir. Por un momento me sentí en la colonia, en la época de la limpieza de sangre y de los estatutos necesarios para probarla. Sentí que si alguien llenaba un certificado y probaba a través de árboles genealógicos su “pureza” blanca podía ser un nazi legítimo. Con esto no se estaba cuestionando el nazismo. Se estaba cuestionando que no fueran blancos, que fueran “indios” que, como le escuché a alguien, eran unos “huitotos incapaces de verse en un espejo”. Lo sorprendente de esta situación es el doble racismo que maneja. En primer lugar ellos eran incapaces de darse cuenta de que eran unos “chibchas”, frase dicha con el mayor desprecio posible. Y, en segundo lugar, seguía legitimando el ideal de pureza y de blancura que existe desde épocas de la colonia. Esta es una de las mayores muestras de colonialismo que persiste en nosotros. Hay “razas” (término que también podría discutirse pero no pienso extenderme más) que son mejores que otras. O, mejor dicho, los blancos son mejores que los demás y por eso tendrían derecho a ser nazis si lo quisieran. Podrían salir a coger a patadas a negros, homosexuales, travestis o judíos cuando se les diera la gana. O podrían agarrarme a patadas a mí o a usted ¿Por qué no?
El ataque entonces termina siendo falaz. No estoy diciendo que haya que apoyarlos ni mucho menos. Una ideología que revindica la muerte de 6 millones de personas y una política de exterminio sistemática no puede ser defendida de ningún modo. Pero con este tipo de argumentos lo que se hace el legitimar el mismo principio en el que se funda la discriminación. La idea de la superioridad de la raza blanca sobre las demás. Además termina siendo un argumento muy conveniente para nosotros mismos ¿O es que acaso en Colombia la gran mayoría no nos creemos blancos? Los reyes y los nazis siguen siendo superiores. La idea colonial de la autoridad real y la supremacía de los blancos persiste en nosotros.

Foto Revista Semana 24 de abril de 2011
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